El elemento que quizá sea el más característico y relevante del Western de Leone es la música, música llevada a cabo por el magistral Ennio Morricone, que cambiaría la concepción de las bandas sonoras a partir de ese momento.
Morricone, que era un gran amigo de Leone, contaba con un bajo presupuesto, por lo que las composiciones orquestales del Western clásico fueron sustituidas por composiciones más simples. En el primero, la música ayudaba a ensalzar la figura del vaquero y la heroificación de Estados Unidos, sin embargo, la nueva forma de concebir las películas del oeste suponía mostrar unos nuevos valores, por lo que en el Spaghetti Western, la música se vio arrastrada también al cambio.
Los clásicos instrumentos de viento fueron sustituidos por disparos, silbidos, latigazos, silencios y, por supuesto, el sonido de la guitarra eléctrica, que se había convertido en el instrumento más popular de los años 60. De esta forma, Ennio consiguió ponerle música al galope de los caballos, al llanto de los coyotes o a las frías miradas de los personajes.
Nunca antes un silencio y el ritmo de una banda sonora habían dicho tanto en el argumento de una película; es aquí donde la música alcanza importancia argumental por primera vez en la historia del cine.
Así, la música pasa a ser la esencia de estas películas, tanto que fue creada antes de los rodajes para que los actores se metieran mejor en el papel. Sin la música, el alma de estas películas se perdería por completo, ya que no es sólo un mero acompañamiento, sino que es una obra de arte en sí misma.